Estadísticas
Miembros : 198Contenido : 57
Ver contenido por hits : 22425
| Trampas mentales |
|
|
| Escrito por patricia molina | |
| Sábado, 03 de Abril de 2010 18:00 | |
|
Las trampas mentales son maneras de pensar habituales que perturban nuestra tranquilidad, que nos exigen enormes cantidades de tiempo y merman nuestra energía sin reportarnos nada de valor para nosotros ni para nadie más a cambio. A menudo, lo que ocurre es que nos agotamos en ejercicios molestos que no fomentan, en ningún sentido, la realización de nuestros propios valores, cualesquiera que resulten ser. Estos ejercicios inútiles son trampas mentales. Aprender a detectar y a identificar las trampas mentales es el primer paso. Después de identificarlas, debemos convencernos de que es beneficioso para nosotros deshacernos de ellas.
LA ANTICIPACIÓNLa anticipación es la trampa de empezar demasiado pronto. Es cierto que si comenzamos demasiado tarde, puede ser que no tengamos suficiente tiempo para terminar. Pero también existen castigos por empezar demasiado pronto. Cuando nos anticipamos, es más probable que trabajemos en exceso, pretrabajemos y trabajemos en vano. Según Benjamin Franklin, es imperativo que anticipemos todo lo que se pueda anticipar. "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", recomienda este alocado defensor del estado mental atrapado. Si intentamos vivir de acuerdo con este riguroso dicho, llevaremos una existencia infernal. Después de haber hecho todo lo que había que hacer hoy, no podemos permitirnos el lujo de darnos un baño placentero, dar un paseo por el parque o charlar con un amigo. Primero, tenemos que preocuparnos por los asuntos de mañana. Es cierto que todavía no podemos fregar los platos de mañana. Pero la decisión de lavarlos mañana se puede tomar hoy. Por lo tanto, sino es realmente factible postponer algo, debemos hacerlo hoy. Por la misma regla de tres, en este momento se nos exige que elaboremos un plan completo para el día siguiente. Después de todo, tampoco podemos descansar. De acuerdo con la opinión de Franklin, los asuntos para pasado mañana deberían establecerse mañana, y si los de mañana ya están resueltos deberíamos empezar a concebirlos hoy. La implicación de este consejo atroz es clara: se requiere que marquemos un guión para el resto de nuestra vida, en este momento presente. La vida perfectamente Frankliniana es una enorme anticipación vertical. Es indiferente cuanto nos hayamos anticipado al futuro, siempre quedan los problemas de qué sucede después. Después de haber trazado nuestros planes profesionales para los próximos veinte años, nos queda el vigésimo primero para pensar y, después el vigésimo segundo. Nuestro trabajo nunca está literamente acabado. El baño placentero no se producirá nunca. Pero el hecho de que algo tenga que hacerse no significa necesariamente que tenga que llevarse a cabo en ese preciso instante. Hasta la tarea más importante del mundo se puede ignorar hasta que llegue su momento. Con el tiempo, podríamos vernos obligados a tomar decisiones momentáneas, realizar proezas heroicas, dar la vida. Ese momento puede que esté a la vuelta de la esquina pero hasta que no llegue, sólo tenemos ese cielo estrellado que contemplar, esa taza que enjuagar. Todo lo demás es una trampa.
LA PERSISTENCIAEs posible que persistamos de forma perpetua en relaciones que se han vuelto irremediablemente envenenadas, trabajos que dejan de proporcionarnos una satisfacción presente y una esperanza dse futuro, viejos hobbies de los que ya no disfrutamos, rutinas diarias que sólo nos agobian y nos limitan la vida. A menudo, seguimos en un camino infructuoso simplemente porque no pensamos en reevaluar nuestros objetivos. Hemos vivido de esa manera durante tanto tiempo - con esa persona, en ese trabajo, en esa casa y vecindario, llevando ese estilo de vestir promulgando esos rituales alimenticios e higienicos, en ese orden concreto - que ya ni se nos ocurre que las cosas podrían ser de otro modo. Nuestra existencia monotona y odiosa se entiende como una condición absoluta impuesta por nuestro destino, como la forma de la cabeza. Puede ser que no nos guste pero es así. Si dejaramos de preguntarnos si queremos continuar por el camino actual, es posible que la respuesta fuera clara como el agua. Cualquier proporción de inseguridad sería preferible a hacer eso durante ocho horas al día, cinco días a la semana, cincuenta semanas al año hasta que fallezcamos. Pero no siempre nos lo cuestionamos. Nos quejamos, pero damos por hecho la necesidad de statu quo. Por lo tanto persistimos en todos los patrones de conducta que la sostienen. Como la opción de abandonar no se presenta a si misma, la única alternativa es "terminar con ella", como una partida de monopoly tediosa. Por desgracia, esa partida tediosa abarca toda nuestra vida.
Fuente: André Kukla,Trampas mentales
|
|
| Última actualización el Sábado, 03 de Abril de 2010 22:10 |


